miércoles, 2 de febrero de 2011

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Ayer tuve una de las tardes mas increibles de mi vida... Mis abuelos vinieron a visistarnos despues de casi 5 años de no verlos. Estuve con la abuela platicando toda la tarde... Creo que escuché la misma historia como 30 veces, pero cada una era distinta. Cada una vista de diferente manera... Aprendí a hacer mapas con unos cuantos vasos y servilletas. Volví a reirme como niña al verla reir de las cosas que contaba.
Lo que puedo decir es que en esa tarde extraordinaria, el tiempo y el lugar no existieron. Nada parecia tener lógica... Dónde yo veía un gato ella describió una jirafa, antes de recordar que no traía lentes.

Ya por la noche y después de la tormenta de sollozos, brindé un poco y con cada trago de lágrimas encontré soledad, tristeza, vejez, olvido, abandono pero sobre todo la melancolía y le certeza de que lo único que no se olvida es el amor. El amor que le tiene a su viejo, porque puede olvidar a sus hijos y a sus nietos, pero nunca a su viejito...

Mientras platicabamos viaje a traves de Puebla, el D.F., y Guadalajara en cuestion de instantes. Escuche de leyendas, aventuras y calamidades. Hablé con una abuela que llevaba 6 años casada y me aconsejaba sobre los hombres, mientras tomaba un cigarro entre sus dedos. Me habló sobre sus hijos, mientras mi abuelo me regalaba un poco de la virgen que lleva prendida con un segurito a su camiseta mientras su pañuelo descansaba doblado sobre sus piernas, porque como dijo "No puede llevar nada colgado del pescuezo". Reimos tanto!!

En un día conocí mas a mis abuelos que en 25 años.

No sé que tanto de lo que escuché sea cierto, pero esa mujer de 92 años me regaló un poco de su inocencia, de sus memorias y alimentó en gran medida mi incondiscional amor hacia ella.
Mi abuelo, a pesar de los años sigue activo, simpático y remilgoso. Él me regaló un poco de su niñez y me hizo reir tanto mientras viajaba conmigo en el asiento trasero del auto.

Su visitá fué increible y estoy muy agradecida de que la montaña haya venido a mi porque como dijo mi abuelo "El ingrato de Mahoma no va a la montaña".

Me regalaron la tarde mas magnifica y la imagen de mis abuelos tomados de la mano me acompañara por siempre. Y cada vez que piense en ellos vendrán tomados de la mano a paso lento. Mi abuelo con cara de gruñón pero con una sonrisa escondida tras el bigote y mi abuela preguntando: "¿Quien es?" Para recordarlo justo en el momento en que toma tu mano y te obsequia con su risa.

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